5 lecciones que aprendí en mi primer fracaso profesional

5 lecciones que aprendí en mi primer fracaso profesional

Tras unos años en los que todo me iba muy bien en el trabajo, y en los que parecía que mi carrera profesional no tenía límites, me di un batacazo monumental y prácticamente tuve que empezar de cero.

De aquel primer fracaso profesional aprendí cosas muy importantes que se me han quedado grabadas a fuego. Si quieres conocer mi historia, y saber qué lecciones aprendí de aquella experiencia, sigue leyendo.

Mi historia profesional

Los inicios en Asturias

En la primavera de 1996 vivía con mis padres en Asturias y estaba realizando el proyecto fin de carrera de Ingeniería Informática cuando me llegó la oportunidad de empezar a trabajar en una pequeña empresa de informática que se dedicaba al desarrollo de software de gestión.

Tras una entrevista en la que les dejé claro a los entrevistadores que yo lo que quería era empezar a trabajar para aprender y adquirir experiencia, me llamaron para empezar a trabajar al día siguiente.

El sueldo era muy bajo, a pesar de que muy pronto demostré que mi trabajo era tan bueno como el de cualquier profesional del sector con experiencia, pero el ambiente era bueno, aprendí muchísimo y conservo buenos amigos de aquella época.

Me voy a Madrid

A finales del 98, y después de casi tres años en la empresa, seguía ganando una miseria que no me permitía independizarme. Viendo que aquel trabajo nunca iba a cumplir ni mis expectativas profesionales ni salariales, presento mi dimisión y decido dejar Asturias para irme a trabajar a Madrid.

Tras un par de entrevistas me decido por la empresa que me ofrece más dinero. El trabajo era mucho más interesante que el que desarrollaba en Asturias y me pagaban más del doble. Eso me permitía vivir de alquiler sin tener que compartir piso.

Fue una época muy interesante y una de las más felices de mi vida. Además era joven y el futuro que se atisbaba en el horizonte tenía muy buena pinta.

Cambio de empresa

Después de algo más de un año en ese trabajo, me hacen una oferta en la empresa en la que todavía trabajo actualmente. Más sueldo por hacer un trabajo similar. Era primavera de 2000 y me casaba en septiembre, por lo que un incremento en mis ingresos era bienvenido.

¿Cómo he llegado hasta aquí?

Pues bien, decido cambiarme a la empresa en la que todavía hoy trabajo, y a partir de ese momento todo empieza a desarrollarse muy rápidamente.

Fue una época vertiginosa, en la que en apenas unos pocos años, paso de trabajar como analista programador a dirigir un equipo de casi 40 profesiones, y a facturar varios millones de euros en uno de nuestros principales clientes.

Mi sueldo fue aumentando del mismo modo que aumentaba mi responsabilidad dentro de la empresa. Además, como era época de vacas gordas, los variables e incentivos incrementaban aún más los ingresos. En aquella época ganaba 6 veces más de lo que ganaba en Asturias.

¿Intocables?

Era principios de 2008 y en aquellos momentos de “éxito”, ajenos a lo que se avecinaba, mis compañeros y yo nos creíamos los mejores, casi intocables, y no aceptábamos nada bien las quejas de nuestro cliente, y aunque es verdad que en general nuestro trabajo era bueno, también había cosas que hacíamos mal.

Además existían otros condicionantes que infravaloramos, como el precio de nuestros servicios o el hecho de que en un mercado tan competitivo hay otros factores, además de los obvios (calidad y precio), que pueden pesar a la hora de decidir el ganador de una oferta.

Llega el batacazo

Pues bien, en 6 meses paso de tener varios servicios en uno de nuestros clientes más importantes (el segundo en volumen de facturación) y cerca de 40 personas a mi cargo, a perder todos los servicios y quedarme sin equipo.

Ante aquel panorama, y con la crisis acechando, la empresa tuvo que tomar la difícil decisión de despedir a varios de mis compañeros. Recuerdo aquellos momentos como de los más difíciles de mi carrera profesional.

¿Qué pasó realmente?

Aunque en 2008 no se estaba en lo peor de la crisis que aún estaba por llegar, muchos de nuestros clientes ya empezaban a ajustar sus costes, y una forma de hacerlo era unificando los servicios de varios proveedores en un único servicio para un solo proveedor.

Con ese escenario y en aquellos momentos, empresas más grandes que nosotros como Accenture o IBM tenían todas las de ganar. Aunque la calidad de sus servicios era en general peor, tenían más capacidad para dar una mayor cobertura a todo tipo de servicios y tecnologías, y además sus precios eran más bajos que los nuestros.

Las lecciones que aprendí del fracaso

1. El éxito puede ser efímero

Muy pocas cosas en la vida son para siempre, y que las cosas te vayan bien ahora no significa que eso no pueda cambiar. Las circunstancias cambian y nuestra realidad cambia con ellas, y aunque intentemos tener la situación controlada no siempre lo conseguimos.

Hay que estar preparado para el cambio. Si lo asumimos como algo normal, algo que puede pasar, el cambio será menos traumático.

2. Asegúrate de que lo que construyes es sólido

Cuando nos iba bien no pensábamos en los riesgos, ni en cómo mitigarlos o en tener alternativas si se daba la peor de las situaciones. Una buena parte de nuestra facturación dependía de un número muy reducido de clientes, en mi caso de uno solo, y cuando ese cliente decidió trabajar con otros proveedores en lugar de con nosotros llegó la catástrofe.

Es importante tener en cuenta los riesgos y tener medidas para mitigarlos. Llevando al gestión de riesgos al extremo, si te es posible, ten un plan B por si todo se va a la mierda.

3. Lo más importante es el equipo

En los últimos años, a medida que crecíamos y nuestro cliente nos demandaba más trabajo, contratamos a muchos de nuestros colaboradores sin tener muy claro si esas personas iban a estar a la altura o no. Lo importante era cubrir las vacantes como fuera. En bastantes casos los nuevos fichajes no se adecuaban al puesto por diferentes motivos (capacidad, formación, actitud, etc.) y eso fue un factor importante que nos acercó al desastre.

Por otra parte, algunos de mis compañeros, los que empezaron conmigo, constituían el core del equipo. Ellos marcaban la diferencia entre simplemente hacer las cosas y hacerlas bien y de forma que el cliente quedara satisfecho. Otro de los errores que cometí fue no ser capaz de hacerle ver a la dirección de mi empresa la importancia de esas personas para el equipo y para la empresa.

La competencia sí se dio cuenta de que se trataba de personas clave y fichó a algunos de ellos. Otros sin más se fueron de la empresa en busca de otras oportunidades y una mejor remuneración. Eso terminó dejándonos fuera de la pelea.

4. Siempre queda mucho por aprender

Recuerdo que en aquellos momentos de “éxito” no era consciente de todo lo que me quedaba por aprender aún. Me consideraba un gestor de servicios TI experimentado. Visto con los ojos de hoy sé que cometí muchos errores, algunos de ellos graves, y que aún era un principiante al que le quedaba mucho por aprender.

5. Después de un fracaso lo que viene después no siempre tiene porque ser malo

Cuando nos dimos el batacazo pensé que me iban a echar a la calle, pero no fue así. Supongo que valoraron mis conocimientos técnicos y mi actitud, y que lo que había pasado no sólo era culpa mía, sino también de la dirección de la empresa, y de una situación del mercado en la que no siempre se puede salir airoso.

Los años que vinieron después fueron muy interesantes porque surgieron nuevas oportunidades en las que aprendí mucho e hice cosas que de otra manera no hubiera llegado a hacer.

A día de hoy sigo trabajando más o menos en lo mismo, pero a diferencia de aquellos años, el número de clientes para los que trabajamos es de más de una veintena. Además, mi equipo es mejor y está más preparado para afrontar los cambios que nos deparará el futuro.

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¿Cuál fue tu mayor fracaso profesional y qué aprendiste de aquella situación? Cuéntanoslo en los comentarios.

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